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Los Líderes; ¿Nacen o se Hacen?

Recordemos imaginando un poco de la historia. Vea usted; La primera de las grandes revoluciones sociales del siglo XX en el mundo tuvo lugar en América Latina y fue precisamente en México, donde un puñado de líderes provocó estruendosamente, mediante la fuerza organizada de la población, las transformaciones sociales que aquel momento histórico y las circunstancias sociales del México bárbaro de 1910 demandaban del gobierno en turno. La población así lo sentía, así lo sabía, así lo demandó. Si bien es cierto el gobierno del Presidente Porfirio Díaz favoreció el progreso en diferentes aspectos de la economía nacional, también fue un hecho, escúchenlo bien, que los beneficios logrados por esos avances económicos, se repartían solamente, entre los miembros de una minoritaria oligarquía elitista y excluyente, que brillaba a costa de la opacidad de las grandes mayorías de la población. En aquellos años, puede usted verlo, el 85% del territorio nacional le pertenecía a menos del 1% de la población, mientras los campesinos mexicanos sin trabajo y sin tierra, cansados de hambre y soledad, organizados por una casta de líderes emergentes, planearon y desplegaron la revolución, bajo las consignas de tierra, libertad, reforma, justicia y ley. El peso de la descomunal desigualdad en la distribución de la riqueza y la injusticia, fueron demoledores y determinantes.

Recuerdo claramente que en el año 2005 conversando con el entonces Presidente del Parlamento Europeo señor Joseph Borrell sobre algunos de los principales aspectos que motivaron la activación de la revolución mexicana, apuntó categórico que en aquellos años de revolución, el gobierno mexicano era censurado por el gobierno norteamericano, porque México no tenía ojos más que para Europa y que hoy, al paso del tiempo, las cosas han cambiado tan radicalmente que México, no tiene ojos más que para Estados Unidos olvidándose del universo de posibilidades que puede encontrar en la Unión Europea. Juego de líderes, juego de intereses.

Lo cierto es que el perfil de los líderes que interactúan en cada momento en la historia de los pueblos y de las organizaciones es determinante. Así lo hemos visto en las diferentes etapas de la historia, desde la pre hispanidad hasta nuestros días, el carácter y el perfil de los líderes que han conducido las grandes transformaciones sociales han sido el punto de referencia.

El tema del liderazgo entonces es tan importante que no se puede dejar a un lado, mucho menos considerar que el carácter de un líder responde a una designación sobrenatural, o peor aún, a la denominación que autoridad superior le asigna a un leal simpatizante a quién le concede esa condición, como si fuera un título nobiliario que se otorga a capricho del soberano, por razones de linaje o de alcurnia, que para el caso en lo mismo. El liderazgo posee cualidades, conocimientos, capacidades y experiencia que puede utilizar para guiar a los demás para alcanzar una meta suprior que a todos incumbe.

Los líderes inspiran a los grupos con su capacidad para comunicar la esencia de sus ideas, cuentan con la sensibilidad para interpretar lo que siente y quieren los demás. Los líderes comprometen a quienes los siguen, observan y escuchan, porque enseñan y pregonan con su ejemplo, por ello conquistan brillante y alta autoridad moral y respeto. Los líderes trabajan más que los demás, porque tienen que ir un paso adelante abriendo brecha, moldeando su visión y diseñando la estrategia. El líder sabe reconocer lo mejor de sus líderes y seguidores y aprender de y con ellos. Siembra entre ellos templanza y valor, humildad y determinación, lealtad, compación, honestidad, responsabilidad y perseverancia. Un líder sabe infundir ánimo a sus seguidores y sobre todo comparte la esencia de sus valores y principios que son la base de su actuación personal, sólida y congruente, como también la de los miembros de su organización. Un líder convence, porque está convencido, un líder recibe lealtad de sus seguidores, porque siembra lealtad, un líder convoca porque sabe a dónde ir. El líder es aprendizaje constante y también resultado, porque observa, escucha, siente, aprende y realiza. En mi opinión, reconozco la existencia de liderazgos natos, sin embargo la mayoría, son forjados en el crisol de la lucha diaria, son formados con la arcilla de la realidad en la que se desenvuelven. Los líderes nacen y se hacen, se forjan, se diseñan de acuerdo a la calidad y esencia de proyecto que se quiere lograr. Por tanto, la formación de líderes en nuestro estado y en el país, debe ser uno de los mejores tributos que se pueden ofrecer a los líderes que imaginaron e impulsaron la revolución mexicana. Los discursos, los colores y las ofrendas son parte de nuestra cultura, el incienso también lo es, sin embargo, confirmo, el mejor tributo rendido a nuestros líderes y próceres será siempre la consecuencia de nuestros actos. Impulsar y desplegar una inmensa ola de transformación del pensamiento y la conducta, solo será posible en la medida que ocupe un mejor lugar en la escala de las prioridades nacionales y estatales, la formación de líderes, que al final del camino, serán no solo quienes reciban la estafeta de quienes hoy conducen el esfuerzo nacional, sino también de quienes abrirán nuevos horizontes para el mundo y la humanidad.

El futuro al fin de cuentas, seguirá siendo la consecuencia y repercusión de nuestras voces y de nuestras acciones. México y la humanidad sin la menor duda, miremos bien, merece el mejor porvenir y la base para conseguirlo, escúchenlo claramente, será la calidad de los líderes que conducirán nuestro destino, será aquellos, que nosotros mismos hemos formado con nuestro ejemplo.

Mi deseo para ustedes es solamente lo mejor.

El Rostro de los Derechos Humanos.

 

El 10 de Diciembre de 1948 fue Adoptada y Proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos, como respuesta al inmenso registro de infamias de diferente naturaleza o barbarie que se cometían en diferentes partes del planeta o bien por dictadores, regímenes militares, movimientos políticos, económicos o religiosos, la injusta impartición de justicia, así como todo tipo de discriminación racial, por género o credo. En los fundamentos de la proclamación se establece claramente que la libertad, la justicia y la paz en el mundo es la base del reconocimiento de la dignidad y los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana.

En el documento central se establece como impecable ideal de la humanidad, la más elevada aspiración del hombre, el advenimiento de un mundo en el que los seres humanos de todo el planeta, libres de temor y miseria disfruten de la libertad plena de palabra, acción y creencia, protegidos por un sólido régimen de derecho.

La proclamación puntualiza en sus treinta artículos las obligaciones contraídas por los estados miembros, para garantizar el bienestar de los seres humanos en su convivencia social en todas las naciones del mundo.

Es cierto que los postulados de una Declaración Universal de los Derechos Humanos, está impregnada del más alto espíritu de solidaridad humana y respeto, a la célula más importante de nuestra sociedad planetaria que es el ser humano.

Alejar a la sociedad planetaria de la barbarie y la injusticia es una muestra impecable de madurez y sólido desarrollo. La incorporación de éstos postulados en la legislación de cada nación responde al principio de respeto a la diversidad y al valor de las diferencias, sin embargo no se puede ignorar que a 59 años de su proclamación, aún queda mucho camino por recorrer, y si usted tiene alguna duda al respecto, bastará para aclarar cualquier diferencia, revisar la secuencia de las recomendaciones que hace tanto la Comisión Nacional de Derechos Humanos como sus filiales en los estados de la república, para el caso de México, a diferentes niveles de gobierno para solicitar enmendar procedimientos equivocados que lastiman los derechos de los ciudadanos.

También es preciso revisar la opinión generalizada de no pocos ciudadanos que aprecian que las comisiones de derechos humanos están más ocupadas en preservar los derechos de los delincuentes que en los de las víctimas. Y por otro lado no se puede observar la pobreza extrema en la que viven millones de mexicanos, mal social que se incuba en nuestra nación, sin pensar que entre los fundamentos de la Carta de Derechos Humanos establece el ideal y compromiso de alejar a la sociedad de la miseria y eso es algo que dista mucho de ser algo de lo que se puedan sentir satisfechos los responsables de salvaguardar esos derechos inalienables de la ciudadanía.

Si bien es cierto la pobreza extrema es efecto de la desigualdad de oportunidades y de distribución de la riqueza, también es cierto que la costumbre de observar éste mal social como algo rutinario que es parte del colorido artesanal de nuestra cultura, no se puede dejar de atender como una urgente demanda nacional de justicia y respeto a la dignidad humana que tanto se proclama.

Bien valdría la pena que la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se ocupe de notificar tantas recomendaciones como sean necesarias a los tres niveles de gobierno sin importar su color partidista, para señalarles ¿Cuantos indigentes deambulan en las calles de las ciudades y pueblos que gobiernan? ¿Cuántas mujeres viven de la prostitución por falta de oportunidades? ¿Cuántos menores de edad sufren explotación laboral y maltrato? ¿Cuántas personas viven sufriendo una gran pobreza espiritual y humana? ¿Cómo viven miles de familias hacinadas en ciudades perdidas o en proceso de desarrollo? ¿Cuántos presos por falta de dinero para cubrir sus fianzas están en las cárceles por delitos menores? En fin me parece que la celebración de un aniversario más de la proclamación de los Derechos Humanos en la Organización de Naciones Unidas deberá ser, oportuno espacio para hacer un recuento claro de lo mucho que falta por hacer en ésta materia en nuestros pueblos, para finalmente lograr, que el sublime ideal de la humanidad, que considera la más elevada aspiración del hombre, el advenimiento de un mundo en el que los seres humanos de todo el planeta, libres de temor y miseria disfruten de la libertad plena de palabra, acción y creencia, protegidos por un sólido régimen de derecho, se haga una realidad y no sea, en muchos sentidos, una fatigante quimera, frente al tamaño del rostro infame de nuestra sociedad.

Mi deseo para ustedes es solamente lo mejor.