OPACIDAD

AGOSTO 24 DEL 2019

La opacidad es una cualidad perteneciente al género de lo opaco. Simplemente se identifica, como contrario, a lo que es transparente.

Igualmente, opacidad, tiene relación con distintas categorías asociadas como, turbio, velado, lúgubre, sombrío, oscuro.
Mientras que, en la otra orilla, antónimo de opaco, resuena como, diáfano, nítido, brillante, áureo.

Abordar el tema de opacidad, sobre todo, aplicado al terreno de la política y las relaciones humanas, es tan relevante, como inimaginable en sus consecuencias. Las implicaciones pueden ser tan amplias como se quiera, pero lo que no se debe ignorar, es la trascendencia, en un sentido u otro, por el accionar de conductas recurrentes, de personas o instituciones que practican la opacidad.

Ciertamente, la opacidad, es falta de transparencia, ocultamiento para la perversidad y el engaño. El contubernio por su parte, personifica acuerdos censurables, enmascarados por la opacidad y mentira.

Vale reflexionar, que mentir en política, puede ser un lugar común. Señalar que alguien miente en política, puede sonar hasta ridículo, por su dilatada recurrencia. Sin embargo, lo que es un hecho, es, que la ciudadanía, tiene derecho a estar debidamente informada, con transparencia y verdad, derecho, que, como cualquier otro, o bien se hace valer, o se confina, a ser letra muerta, ante las recurrentes injusticias reclamadas.

En consecuencia, hacer valer un derecho, necesariamente, debe pasar por el tamiz, de la conciencia activa, que produce movimiento y por supuesto, la exigencia reivindicatoria, que proviene de la indignación con determinación.

Vale la pena entonces citar un ejemplo sobre opacidad: si la procuraduría actúa con opacidad, revela corrupción. Si el gobierno resuelve con opacidad, sugiere desconfianza y oculta corrupción y engaño. Si un individuo es opaco en su conducta, proyecta desconfianza, sugiere traición, de lo que se desprende, que un gobierno, necesariamente debe ser, transparente ante los ciudadanos que representa.

La transparencia, no es concesión gratuita, es derecho, demanda ciudadana, que se convirtió en mandato, a través de la aprobación de la Ley federal de transparencia y acceso a la información pública, que garantiza, este derecho ciudadano.

El ocultamiento de la información política o administrativa pueden ser un delito. No sobra referir un caso que se puede considerar, como ejemplo de opacidad en las acciones del gobierno; el programa nacional “jóvenes construyendo el futuro”. Desde su origen, fueron imprecisos y poco confiables, las cifras oficiales de objetivos y avances, que se dieron al respecto.

De los jóvenes beneficiados y empresas participantes en el programa, entre el 10 de enero del 2019 y el 1 de agosto del mismo año, se aperturó y cerró el registro de participantes. Ocho meses duro el programa. Al final, de manera abrupta, se anunció, la terminación del programa con la incorporación de 900 mil jóvenes.

El punto es que nadie conoce la lista de los beneficiarios, tampoco se dio a conocer la relación de las empresas que participaron en el proyecto aceptando jóvenes como aprendices, ni cuanto costo realmente el programa.
La opacidad con la que se manejo el programa, dio paso, desde la desinformación generada, a confusión, y hasta el surgimiento, de perversos rumores de corrupción sobre el manejo administrativo del programa.

Los tiempos actuales, demandan una renovada ciudadanía, madura, participativa, exigente, capaz de hacer valer sus derechos, ensancharlos, y por supuesto, cumplir con sus obligaciones.

Requerimos hoy más que nunca, de una ciudadanía, atenta de lo que ocurre en su entorno, como del desempeño de sus gobernantes. Dispuesta y activa siempre, para influir en las decisiones del mayor interés ciudadano, así como también, en su rectificación o reivindicación social.